Entre los recuerdos imborrables de su niñez, Pedro Manuitt guarda las recorridas que hacía por distintos estados de Venezuela por el trabajo de su madre. Hizo esos viajes sin saber que, parte de todo lo que vería, sería años después la inspiración para el menú de su propio café, donde desde hace meses lleva a su barrio en Los Ángeles una parte de la cultura venezolana.
"Yo vengo de Chaguaramas, un pueblito. Nunca en mi vida imaginé que iba a estar acá en Los Ángeles y que iba a tener toda una comunidad que viene porque les gustan mis tragos", dice Pedro a CNN.
A sus 34 años, este joven abogado cuenta que su pequeño café es fruto de un sueño que nació hace mucho tiempo, y que hoy convoca tanto a la comunidad latina —inmigrantes como él a quienes su colorido local les recuerda a sus familias— y también a estadounidenses, que llegan entusiasmados a probar sabores nuevos y ven cómo su barrio se ha vuelto más alegre.
En 2019, cuando obtuvo su diploma de abogado en Venezuela, Pedro se planteó cómo seguir: "¿Qué hago acá? ¿Cuál es el rumbo que voy a tomar en mi vida?". Las respuestas vendrían tiempo después, cuando en unas vacaciones conociera Los Ángeles.
"Han pasado cosas difíciles, obviamente uno no tiene familia acá, no habla el idioma, tiene que aprender nuevos trabajos, lo que salga en el día a día para poder sobrevivir, para encontrarte un camino", cuenta Pedro, que tiene una solicitud de asilo político pendiente por la que dice que lleva años esperando una entrevista.
Al llegar a Los Ángeles, sus primeros trabajos fueron como cocinero. El primero de todos fue durante tres meses en la cadena de hamburguesas McDonald's.
Después pasó por varios restaurantes, donde fue mesero y asistente; también tuvo un trabajo administrativo y tiempo después comenzó a trabajar en cafeterías de especialidad.
Pedro Manuitt al frente de su puesto de café, que abrió en marzo de 2026. - Gentileza Pedro Manuitt
"Siempre fue el café lo que me llamó la atención", dice. Cuando veía ese mundo, el que le gustaba, no tenía dudas: "Yo quiero hacer esto", se decía.
Durante sus años en distintas cafeterías empezó un aprendizaje por su cuenta: desde cómo preparar una bebida hasta cómo hacer los pedidos a los proveedores, todo lo que ocurre al frente y detrás de un mostrador.
Por esos tiempos, Pedro dibujó un primer boceto de cómo soñaba que fuera su café. Pero los costos eran elevados y durante los años siguientes sus estrategias buscaban cómo hacerlo realidad.
Cuatro años después, tuvo la idea de que sea un 'coffee truck', es decir, una camioneta que adaptó para funcionar como local. Tenía decidido cómo quería ambientarlo, y los años que llevaba viviendo en su barrio de Los Ángeles le habían dado una idea certera de lo que podía necesitar su comunidad.
"Yo empecé a investigar desde el 2024. Me paraba en la mañana en la calle, a las cinco de la mañana, a las seis, para ver quién estaba en la calle, quiénes eran… (…) Y dije 'lo voy a hacer acá, porque quiero brindarle a mi comunidad algo que realmente nosotros necesitamos'", dice.
En marzo de este año finalmente abrió las puertas de su proyecto, donde él es a la vez el barista, el administrador y el gerente.
Aunque estaba feliz, sus primeros días fueron difíciles. En su primera jornada vendió solo una limonada. "Yo dije '¿qué hago, qué hago?' Y los días siguientes ya fue otra historia. Yo temblaba. Tenía años de experiencia en el mundo del café, pero esto es algo mío, más de mi esencia".
Las recetas que preparó y ofrece a sus clientes cuentan una pequeña historia de Venezuela, porque eso es lo que sintió que quería hacer: traer una parte de su niñez al presente.
"Cuando era niño éramos mi hermana, yo y mi mamá, que viajaba por toda Venezuela. Teníamos que hacer conexiones, aprender nuevas comidas, porque en cada estado de Venezuela se come diferente, se habla diferente. Cuando llegué a Los Ángeles se parecía un poco a volver al pasado", dice, a volver a crear vínculos desde cero.
"Entonces voy a tomar esa experiencia de la niñez y voy a agarrar algo de cada estado de Venezuela", pensó Pedro. Se tomó el tiempo para diseñar una carta en la que las bebidas representan a algunos estados que conoció cuando era niño.
A Caracas, por ejemplo, lo asocia con la leche condensada y otros ingredientes de pastelería, y eso es lo que plasmó en ese café. Para los tragos que llamó 'Rocket Matcha' y que llevan agua de coco, se inspiró en el archipiélago Los Roques. "La gente me dice: ¡Se siente tropical el café!", cuenta Pedro emocionado.
Lo mismo reprodujo en otros tragos, como el inspirado en los Andes venezolanos, donde el ingrediente predominante es la guayaba. "Cada uno cuenta una historia y también me da la oportunidad de explicarles un poco de mi cultura, un poco de Venezuela", dice.
Pedro dice que no desconoce la realidad política de Venezuela, pero él quiere crear otras conexiones, que todos escuchen buenas historias sobre su país. "Los problemas políticos en Venezuela sí existen, pero no es en lo que yo me quiero enfocar, lamentablemente estamos pasando por esa situación y es triste pero ¿por qué no enfocarme en algo bonito?", dice a CNN.
"No voy a decir que no ha sido difícil, pero cuando yo abrí este negocio desde el día uno para mí ha sido como una satisfacción que el cliente regrese y me diga 'este trago está increíble' y que sepan algo bonito de Venezuela, eso es lo importante para mí", asegura.
Clientes de Guarapo Caffé posan al frente del local de Pedro Manuitt. - Gentileza Pedro Manuitt
Si bien muchos latinos van al puesto de café de Pedro, él dice que en su mayoría se trata de estadounidenses que llegan motivados por probar sabores nuevos. "Se ha creado una comunidad en todo el barrio y aquí en las mañanas vienen los vecinos, se hablan, comparten", cuenta.
Las buenas devoluciones, dice, son lo que lo impulsa a seguir. Y para la comunidad latina, un café que lo recuerda a su tierra es casi como una bendición. "Se sienten en casa. Me dicen 'tu lugar me recuerda a la casa de mi abuela, de mi tía, de mi mamá'. Los latinos saben lo que es latino, ese calor. Es inevitable no reconocerlo".
Los testimonios de sus vecinos parecen darle la razón.
Cada mañana, Desirée Proctor pasea por el café de Pedro con su perro, Larry, para saludar a sus vecinos y tomar un café.
"Se ha convertido en un punto de encuentro fundamental para nuestra pequeña comunidad en Runyon Canyon", dice a CNN Proctor, vecina del barrio. "Puede resultar difícil establecer conexiones auténticas en una ciudad tan ajetreada como Los Ángeles, pero Pedro realmente ha logrado unir a la gente con su camión de café", cuenta.
Benjamin, otro vecino de la zona, coincide con ella. Cuenta que estuvo entre los primeros clientes del café y es un lugar al que regresa cada vez que puede. "Desde la primera vez que fui, siempre me sentí muy bienvenido. Me encanta el ambiente y Pedro es una persona maravillosa".
Los sabores de la carta, para Benjamin, se parecen a "probar un poco de la cultura venezolana" en Los Ángeles. "Me encanta especialmente conversar con Pedro y escuchar historias sobre su experiencia como inmigrante en la ciudad. Es admirable ver lo que ha logrado aquí con su vida".
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